miércoles, agosto 16, 2006

Es Raro Dorarse


Llega el verano y las playas amanecen nevadas de cuerpos blancos como el papel.
Unas cuantas horas vuelta y vuelta cada día, regados por un buen bronceador, y aparece ese deseado tono tostado, ese bronce natural... o una semana en cama, rojo como un cangrejo.

Es raro dorarse, al menos en mi caso.
Pero la frase que da título no viene por esos caminos.

Es raro dorarse, o leído del revés, es raro dorarsE.

Esto que leéis, de izquierda a derecha y viceversa, se llama palíndromo. Del griego “palin dromein”, que a mi me suena a dromedario flaco, por lo de palín, pero que en realidad quiere decir: palabra, número o frase que se lee igual hacia delante que hacia atrás.

En el caso de los números, se lo conoce mas por “capicúa”.Este juego de palabras ya era conocido en el Siglo III a. C. y atribuidos al poeta Sótades (en los naipes se le conoce como Sotadespadas)

Un célebre palíndromo es aquel que dice: “DÁBALE ARROZ A LA ZORRA EL ABAD”, seguro que lo conocéis.
NO DESEO YO ESE DON!! Imaginaros hablar con palíndromos, menuda confusión!!. Sin embargo no desearlo ya lo es.
Existen muchos palíndromos, mas de los que uno puede imaginar, y aún sin desear ese don, en muchos casos los utilizamos sin saberlo. ANILINA, SERES, YO VOY, SEIS SÍES, OÍR ESE RÍO, LA RUTA NATURAL, etc., son algunos ejemplos.

Es curioso, verdad? Pero mas curioso es saber que algunas personas se dedican a hacerlos.

Los hay de carácter religioso: ADÁN NO CEDE CON EVA Y YAVÉ NO CEDE CON NADA.

De jardinería: YO DONO ROSAS, ORO NO DOY.

Zoofilicos: AMO LA PACÍFICA PALOMA.

De incontinencias: ABAJO ME MOJABA.


A LA BASE BESÁBALA (depende de lo que se entienda por base)

Eróticos: AMIGO, NO GIMA / NO SUBAS, ABUSÓN / NO SORBAS, SABROSÓN

Sadomasoquistas: SE CORTA SARITA A TIRAS ATROCES.

Existencialistas: SOMOS O NO SOMOS.

Esotéricos: SALTA SOLA LA MAGA MALA LOS ATLAS.

Y antiguos, en este caso en latín: IN GIRUM IMUS NOCTE ET CONSUMIMUR IGNI (Que traducido quiere decir: Giramos en círculo en la noche y somos consumidos por el fuego)

Esto resulta simpático y hasta ocurrente, pero anda que no nos complicaron la vida con sinónimos y antónimos, homónimos, hipónimos e hiperónimos, neologismos, etc. etc.
Ni mencionar a los Homófonos y Parónimos!!

Que cosas mas raras nos inventamos!!

Dead Can Dance




Ocultos detrás de mis relatos, no sólo existe un mundo de sentimientos sino también de melodías. Dead Can Dance es uno de los grupos que me proporcionan parte de ellas.

Algunos les conocerán por el documental "BARAKA" y otros por su extensa discografía.

Su estilo ecléctico, considerado por muchos como gótico, es una mezcla de música antigua y étnica, que les caracteriza. No sólo se inspiran en melodías medievales, sino que algunos de sus instrumentos son de aquella época.

Sin duda, Dead Can Dance, pone vida nuevamente a algo que está muerto. En esto es especialista Lisa Gerrard, vocalista principal, que transporta al oyente a mundos imaginarios y surrealistas sueños, con una sublime voz y excelente acompañamiento instrumental.

"The Carnival is Over", del que incluyo un link, se me antoja una escena interior de mi cerebro en el preciso momento que la inspiración llega. http://www.youtube.com/watch?v=jujerF1f_Gc

Pongo algunos otros link para que podais escuchar fragmentos de sus discos.

http://www.mp3.com/dead-can-dance/artists/3425/discography.html

http://www.youtube.com/watch?v=hiDOuUpz-Pc

http://www.youtube.com/watch?v=iDsMbe-0Vcg

martes, agosto 15, 2006

El Amargo Trago de Trasgo


Esta es la historia de Wilfredo de Nieva, a quién hoy llamamos duende o trasgo.

Wilfredo vivía en una comarca medieval, era un hombre de buen corazón y amaba a una doncella.
El padre de Wendolina, que así se llamaba la joven, era un acaudalado empresario que había hecho fortuna gracias a métodos poco ortodoxos como, por ejemplo, la venta de cubos de tierra para que cada propietario se hiciese su propio terreno.
Esto era mal visto por el Alcalde de aquella ciudad, quien mandaba encarcelar a los engañados compradores acusándoles del robo de terreno urbano, y perdiendo así sus propiedades de metro cúbico, sus dineros y libertades.
Posteriormente Alcalde y empresario se repartían los beneficios.
Años mas tarde el propio empresario sería encarcelado y ajusticiado al estafar en ventas por correo a media Europa. Los incautos compraban su elixir de la juventud, una sustancia de color ámbar y fuerte olor que las personas de mal paladar identificaban como cerveza, y que se enviaba en una bonita botella previo pago de una sustanciosa suma dineraria.

Pero eso fue mucho después de la trágica historia de Wilfredo y Wendolina.

Egidio de Casasbellas, estafador y futuro suegro de Wilfredo, no simpatizaba con aquel muchacho ni con el amor que su hija le profesaba.
Wendolina era hermosa e inteligente y de eso tenía poco su amado Wilfredo, pero a ella no le importaba.
Una noche de verano, recorriendo la pareja la orilla del río, la plateada luna fue testigo de los besos enamorados y posterior entrega de él a ella y ella a él. Se amaron dulcemente entre los juncos durante horas y Wendolina depositó la semilla del amor en el corazón de Wilfredo y éste hizo lo propio en el interior de Wendolina, que quedó embarazada.

Egidio, enterado de aquel que consideraba un sucio acto y olvidando los propios, tuvo la usual idea de la época de recluir a su hija en un convento y hacerse dueño de la vida del desolado Wilfredo, quien fue considerado su esclavo por orden del Alcalde... como era de esperar.
A los nueve meses Wendolina dio a luz dos hermosos bebés, una niña y un niño, tan puros de corazón como su amado Wilfredo y, en vista de las sospechosas intenciones de la madre superiora, decidió huir con ellos a un lugar que se desconoce.

Wilfredo fue sometido a la mas infame degradación durante todo ese tiempo.
Egidio de Casasbellas juró acabar con la vida del pobre hombre en venganza por la desaparición de su hija, mas no por la de sus nietos, quienes estaban destinados a morir nada mas nacer.
Una mañana dio la noticia a Wilfredo del alumbramiento de sus hijos y le lanzó una piel de carnero negro a la cara con la promesa de que si la lavaba y la dejaba blanca quedaría en libertad.
Fueron mas lágrimas que agua lo que bañó aquella piel de carnero y Wilfredo la frotó y frotó hasta hacerse un agujero en la mano izquierda... pero la piel siguió negra.
Entonces Egidio, disfrutando del dolor que delataban los ojos del muchacho, volvió a engañarle con falsas promesas y le ordenó que trajese agua del río en una cesta de mimbre hasta llenar su estanque.
Cumplido esto le dejaría en libertad.
Entre viaje y viaje, viendo como el agua escapaba sin remedio de la cesta sin guardar una gota, Wilfredo fue adquiriendo un aspecto extraño. Su rostro se volvió grotesco y su piel ennegrecída.
Aquellos ojos que irradiaban bondad ahora eran dos luminosas concavidades verdosas, pero nunca mostraron odio.
Una noche, con la intención de ver como Wilfredo se sumía en la locura, Egidio le dio unas palmadas en la espalda y esparció por el suelo un puñado de brillantes, indicando que los recogiese y huyese con el botín en busca de su amada.
Wilfredo se lanzó al suelo y, pensando en el reencuentro con Wendolina y sus hijos, veía con desesperación como cada brillante que cogía se escapaba por el agujero de su mano.
Egidio reía sin parar, y no dejó de hacerlo cuando entraron los guardias a detenerle por la estafa del elixir de la juventud.

Dicen que Wilfredo escapó una noche de tormenta y se perdió en el bosque.
Pero ya no era un humano como todos los demás.Wilfredo de Nieva vivía en un mundo paralelo al conocido.
Desde entonces y hasta la fecha se le ve entrar en las casas y hacer todo tipo de labores domésticas y travesuras, con la esperanza de recuperar la alegría que perdió un día.
Esconde las llaves, apaga las luces, hace chirriar las puertas, te sopla detrás de la oreja sin ser visto y todo tipo de inocentes gamberradas que le proporcionan una pasajera risa.
Quien le descubre suele echar maíz en el suelo para que lo recoja, o le encargan alguna tarea difícil de realizar, entonces Wilfredo se va y les deja en paz.

La única vez que logré verle llevaba un sombrero rojo y una hermosa sonrisa, acababa de esconderme unos papeles.
No le obligué a nada, por eso sé que vuelve a visitarme y a hacerme alguna travesura... no me importa, todo sea porque recupere su alegría.

Quizás un día, cuando ya no haga falta en este mundo, le proponga una aventura y salgamos los dos en busca de su amada Wendolina.

Esta historia que me he inventado está inspirada en la leyenda del Trasgo o Trasgu, duende perteneciente a la mitología cántabra y que tiene de leyenda lo mismo que tiene la pérdida de un objeto en tu propia casa.

Verdad o no, Trasgo o Wilfredo de Nieva, me acompaña desde la infancia.

Elsinmás

Diversas definiciones de Trasgo:link link link link

Presentación




En este caso acompañado, pero habitualmente solo, voy filosofando y perdiendo la razón por las calles que la perdieron hace tiempo.

Mis leyendas y relatos, despojados de cualquier intención de doctorado en letras, no son mas que aquella ocurrencia que me viene a la cabeza. Un poco verdad, otro poco mentira, y en su mayoría una ilusión con el firme propósito de entretener, meditar, recuperar la esperanza y la fe que se nos va.

Disfrutad de los textos, es mi sano deseo.

A lo mejor se recupera la razón andando por estas calles, las calles de estas letras

is-tan-polís


Y aquí sigo haciendo anotaciones en el libro de la vida. En este compendio de mentiras y verdades, de triunfos y fracasos, de tanto engaño desengañado, matizando de vez en cuando con un relato, una leyenda cierta o inventada.
Y es por eso que te invento, Elisenda.
Elisenda Arribaxtabarranechea Buenaño a quien, por su condición de estar muy cercana al suelo, llamaban “la chata”, “la chiquitina” o “la bella enana”.
Y en verdad era bella. Por fuera y por dentro. Su escasa estatura no impedía unas proporciones perfectas. Destacaban en su blanca piel unos pequeños lunares estratégicamente ubicados, y en su rostro unos enormes ojos color mar, igual de profundos.
Tenía entonces 39 años y estaba a punto de ver nacer un nuevo siglo.
Mucho antes de la primera guerra, Elisenda, mujer de gran riqueza cultural y monetaria, se vio atrapada en la lectura de Marco Polo y sus viajes. Pero en especial por un lugar, Constantinopla, la antigua Bizancio... Estambul.
Bizancio por el conquistador Byzas, allá por el 650 a.C. y Constantinopla por el emperador romano Constantino el Grande.
Cuantas culturas e ideales alimentaron a la hoy conocida Estambul. Romanos, Persas, Árabes, Cristianos y el otrora poderoso imperio Otomano.
Con un corazón bailando de emoción, se embarcó Elisenda en un barco de vapor, impulsado por dos enormes ruedas y el crujir de maderas.
La entrada por el estrecho del Bósforo fue de ensueño, pero lo fue aún mas la llegada al puerto Cuerno de Oro por el mar de Marmara.
La imponente Mezquita Azul le daba la bienvenida, velada por una densa atmósfera de humedad y esencias. link link
Gentes que le resultaron exóticas hacían de la ciudad un hormiguero, mientras ella se dirigía al pintoresco hotel ubicado en la Gran Rue de Pera, lujosa avenida netamente europea. link
Visitó cada rincón de Estambul con especial interés y ansiedad, pero se reservó hasta último momento la visita al Gran Bazar y el Bazar Egipcio.
Vio reflejados los caprichos de Sultanes en la Mezquita de Ahmet (Mezquita Azul). La Mezquita de Solimán el Grande, mandada a construir por el propio Sultán Solimán. La imponente Mezquita de Santa Sofía, construida sobre las ruinas de otra iglesia, allá por el año 406.
Cada edificio con su propia historia de creencias, de gobiernos y desgobiernos, de sultanatos, imperialismos y el revuelo cívico de tanto cambio por mas de mil años.
Esa maraña de acontecimientos y mezclas culturales, daban forma a la ciudad de Estambul con su variedad de tonos y colores.
Tuvo Elisenda la fortuna de ver el Palacio Topkapi, poco antes de ser abandonado, y asistir a la reinauguración de la Cisterna de Yerebatan, cuyas aguas relataban la historia de asedios y supervivencia. link link link
No pudo evitar una lágrima ante la emoción que le proporcionó la iglesia o Mezquita de Santa Sofía. link link
Como extranjera importante acudió a galas en el Palacio de Dolmabahçe, en el Palacio de Beylerbeyi, y fracasó en el intento de visitar a un amigo apresado en la Torre Galata.
Observando desde la costa la Torre de Leonardo, recordó la leyenda que le da nombre.
Leonardo, enamorado de la sacerdotisa Hero, atravesaba a nado el Bósforo cada noche para llegar a los brazos de su amada, quien encendía una antorcha para guiarle en la travesía. Una noche la teca se apagó y Leonardo murió ahogado.
Hero, entristecida, se arrojó al mar y corrió idéntica suerte.
Que triste puede ser el amor, pensó Elisenda, y apartó la mirada que se le estaba nublando de recuerdos.
En el barrio de Fatih, se sintió extasiada con la frenética danza de los Derviches.
Giros y mas giros, una mano hacia arriba en contacto con el cielo, la otra hacia abajo en contacto con la tierra.
De regreso al hotel escribiría Elisenda en una carta sin destinatario:
“Girando sobre su eje aquellos hombres, ataviados con faldas y bonetes, perdían su condición humana y se convertían en etéreas figuras en contacto con Dios, y Dios con la Tierra”.
Una mañana soleada recorrió la “Gran Rue de Pera” sin atender a sus exquisitos escaparates y por fin llegó al Gran Bazar.
Aquello era un mundo dentro de otro mundo. Brillos y colores, objetos inimaginables, mil calles empeñadas en desorientar.
Disfrutó Elisenda de las interminables horas, deseando no encontrar nunca la salida.link link
En su diario de viaje, Elisenda escribió:
“Mandado construir en 1452 por el Sultán Mehmet II “el conquistador”, el bazar tiene mas de 4000 tiendas, 2195 talleres, 497 telares, 12 almacenes, 18 fuentes que calman la sed del viandante, 12 mezquitas pequeñas y una grande, una tumba y deliciosos locales para tomar el té.
Mientras camino disfruto de las maravillas artesanales, las joyas y las baratijas.
Esto es una maraña de torre de Babel donde identifico varios idiomas, entendidos por todos en el regateo.
Me transporto a los tiempos de Marco Polo e imagino el trajinar de mercaderes con nuevos productos descubiertos en la lejana China. La seda, el papel, las esencias y especias egipcias. Entonces me detengo, intento orientarme, y me dirijo al Bazar Egipcio.
Por el camino, un extraño hombre con una inmensa tetera por mochila, hace una reverencia mientras llena un vaso con té y me lo ofrece. Asombrada no se que hacer, el hombre me sonríe con tres dientes, coge mi mano, la besa y se da por bien pagado.
Descubro especias jamás imaginables, de olores exquisitos y sabores que, en algunos casos, suplantarían perfectamente la mecha de un arcabuz.Mas allá los perfumes, exóticos, empalagosos, embriagadores.
Me encuentro sumergida en las Mil y una Noches... pero despierto.
El olor picante y mortecino de la pólvora, otro descubrimiento igual de antiguo, me trae a la realidad.Unos kilos de este elemento sería suficiente para acabar con todo lo visitado.
Y me invade la tristeza.”.
Dieciséis años después de su exótico viaje, en plena guerra mundial, recordaría Elisenda Arribaxtabarranechea Buenaño estas últimas palabras escritas en su polvoriento diario de viaje.
Por desgracia para quienes la conocieron, y por suerte para ella, no volvería a recordarlas años mas tarde. Marchó de viaje al Olimpo en la Navidad de 1934.